¿Cómo elaborar un plan de Gestión Integrada de Plagas para la industria alimentaria?

En la industria alimentaria es fundamental cumplir con una serie de pasos y normas que garanticen la seguridad de los productos y las materias primas, así como también de sus procesos de elaboración, almacenamiento y distribución. Y para lograr esto es fundamental tener un plan de manejo integrado de plagas.

Por eso, un aspecto primordial de la cuestión se basa en anticiparse al problema (o a la causa raíz que lo origine) antes de que este exista.

Teniendo en cuenta estas premisas, pasamos a detallar los pasos que cualquier empresa de la industria alimentaria debería seguir (o exigir a la compañía de plagas que se contrate para esta tarea):

1- Todo comienza con una inspección exhaustiva de las instalaciones. Para esto es necesario contar con el equipo recomendado, como linterna, cámara endoscópica, lupa o microscopio de campo, o simplemente un teléfono móvil con todos los acoples necesarios.

Durante esta fase es posible encontrar plagas o señales de su presencia, como excrementos, mudas de piel, elementos roídos, insectos o roedores muertos, huellas, nidos o materias primas contaminadas. Durante la inspección puede ser un buen momento para empezar a conocer los posibles problemas a los que nos tendremos que enfrentar.

Para finalizar la inspección, detectaremos todos aquellos puntos que pueden ocasionar un ambiente propicio para el desarrollo de plagas: desagües o tapas rotas, grietas sin sellar, deficiencias estructurales y zonas de difícil acceso por una mala colocación de la mercancía.

2- Una vez identificados todos estos factores, estaremos en condiciones de realizar una diagnosis acertada de la situación, lo que nos lleva al siguiente punto: el monitoreo y plan de control.

3- Los puntos de monitoreo y control son distintos métodos que se apoyan en la tecnología y/o trampas de captura y feromonas que se instalarán en los lugares sensibles específicos identificados previamente, con el fin de atraer a las plagas para identificar especies y conocer el grado de infestación.

En el caso de roedores, se recomienda la elaboración de diferentes barreras o anillos de protección, comenzando desde el exterior hacia el interior de la planta. De esta manera, se debe instalar el primer anillo (en la imagen se representa con el color rojo) en el perímetro exterior de la parcela si hubiera posibilidad, continuar con el segundo anillo (de color naranja, también en la parte de afuera, pero bordeando las instalaciones), y un tercer anillo (color verde) en el perímetro interior de las edificaciones haciendo hincapié en puertas y accesos.

Por último, nos centraremos en el cuarto (amarillo) y quinto anillo (azul) para cubrir los puntos más críticos (almacenes, áreas de mantenimiento, etc.) y los puntos y accesos en zonas altas, respectivamente. En la siguiente imagen se puede apreciar la distribución de cada anillo de control:

4- Tras aplicar cuidadosamente cada uno de los pasos previamente detallados, nos podemos encontrar con dos desenlaces distintos: el escenario ideal se daría en caso de no haber encontrado ni identificado señales de presencia de plagas. En este caso, el plan de gestión integrada de plagas ya está elaborado y en marcha, y debe continuar de forma permanente para anticiparnos a la aparición de visitantes no deseados.

El otro caso, se daría ante la presencia de algún tipo de plaga. Según la especie (o especies) que se encuentre en nuestra planta, tendremos que elegir la medida idónea para combatir dicha plaga y prevenir futuras incidencias sin afectar materias primas, productos o procesos de elaboración, almacenamiento o distribución.

Tipos de medidas de control de plagas

Existen 3 tipos de medidas para distintos tipos de situaciones y plagas:

Medidas físicas: reducen considerablemente la posibilidad de proliferación y facilitan la reducción de uso de biocidas. Se trata de acciones que sirven para corregir deficiencias estructurales que puedan ayudar al desarrollo de plagas. Los ejemplos más comunes de estas deficiencias son ventanas, respiraderos y puertas que no cierran bien, grietas o fisuras en las paredes, zonas húmedas, tuberías mal selladas o desagües obturados, entre otros.

Medidas biológicas: se trata de productos que, aunque se obtienen mediante síntesis química, su acción puede ser considerada como biológica y ecológica. En este caso, la gama de productos es más limitada y escasa. Los más conocidos pueden ser:

-los larvicidas biológicos que tienen como base bacterias que sirven para tratar plagas forestales

-los insecticidas reguladores del crecimiento (IGRs) cuya función es la inhibición de la formación de quitina (sustancia que interviene en la formación de la cutícula)

-otros insecticidas que provocan una concentración elevada de hormonas juveniles en el organismo de los insectos, impidiéndoles que lleguen a hacerse adultos.

Medidas químicas: este tipo de método se emplea solamente si no es posible combatir la plaga de otra manera. Suelen ser opciones muy efectivas si se elige la formulación en función de la zona a tratar y a los parámetros extraídos en la inspección. También, es necesario que los técnicos aplicadores sigan las instrucciones de uso que los productos químicos llevan incorporadas en sus envases, además de respetar los plazos de seguridad que marca la ley.

 

En resumen, siguiendo todos estos pasos minuciosamente y aplicando el método de control adecuado según el lugar y el tipo y grado de infestación, el plan de gestión integrada de plagas ya estaría en marcha para poder anticiparse a los problemas o identificar con mayor facilidad la causa raíz de los mismos. En EZSA contamos con más de 30 años de experiencia en la elaboración de estos planes y disponemos de las últimas innovaciones en tecnología para mejorar la experiencia de nuestros clientes.