Tras varios meses de adaptación y convivencia con la Covid-19, han ido surgiendo nuevos obstáculos y problemas por resolver. Hasta el momento, las condiciones climáticas han permitido el uso de la ventilación como principal herramienta de prevención en espacios cerrados. Pero, ¿cómo se hará frente a esta pandemia durante el invierno cuando no sea posible ventilar tan frecuentemente como se recomienda?

Sin lugar a dudas, el regreso a los colegios se ha dado con mucha cautela a través de desinfecciones y medidas de seguridad como el uso de mascarillas, geles hidroalcohólicos y fundamentalmente ventilando las aulas para evitar cualquier concentración de virus en el aire.

El riesgo de permanecer en un espacio cerrado junto a muchas otras personas puede ser alto aunque se respete la distancia de seguridad, ya que al hablar, toser y estornudar se producen gotas que pueden contener el virus. Las gotas grandes (5-10 micras) no significan un problema ya que se expanden poco al caer por su peso, pero las pequeñas (inferior a 5 micras) se quedan flotando en el aire y extendiéndose durante 10 o 12 horas. En tan solo 1 minuto pueden expandirse en un área de 55 m².

Más del 50% de los contagios son por esta vía, y solo se puede evitar con una correcta ventilación. Para ello, lo primero es conocer el flujo de aire, por dónde entra y, sobre todo, por dónde sale. Especialmente para conocer si la corriente con el posible virus puede filtrarse en zonas comunes. Por eso se recomienda cerrar puertas y ventanas a espacios comunes, mientras que deben abrirse las que son hacia el exterior.

Sin embargo, la situación es distinta en invierno: muchos centros no cumplen con las condiciones adecuadas de ventilación, mientras que otros sí las cumplen pero no pueden exponer a una clase entera a pasar horas sentados mientras azota el frío fuera. Menos aún cuando la recomendación es ventilar entre 5 a 6 veces por hora, unos 5 minutos cada vez.

En este caso, la ventilación dejará de ser nuestra principal aliada (aunque como mínimo se recomienda ventilar entre clase y clase) y los purificadores de aire se presentan como la solución más acertada. Se trata de dispositivos con potentes sistemas de filtrado de aire que atrapan y eliminan todo tipo de bacterias, virus y malos olores. También son efectivos contra el polvo doméstico, pelos de animales, pólenes y gases nocivos.

Los mejores purificadores de aire suelen funcionar con filtros HEPA que logran un proceso de purificación óptimo del 99,95% y son la opción más elegida por los profesionales de la educación ya que pueden funcionar durante todo el día sin emitir ningún ruido.

 

 

Sin duda, el año académico se presenta incierto y con muchas incógnitas, por eso es necesario extremar la precaución e invertir en servicios de desinfección y en apartados de limpieza de aire para minimizar al máximo todos los riesgos que la COVID-19 ha traído a las aulas.